Juntas de la piscina rotas: por qué el culpable puede ser el agua (y no la obra)

¿Encuentras arenilla blanca en tu piscina o se despega el gresite? La causa podría ser el agua. Descubre cómo un mal equilibrio químico destruye las juntas y cómo solucionarlo.

Esa «arenilla» blanquecina que barres una y otra vez del fondo de tu piscina en Cunit. Esas pequeñas piezas de gresite que se sueltan cerca de los skimmers sin motivo aparente. O ese nivel de agua que baja misteriosamente, obligándote a rellenar más de la cuenta. ¿Te suena familiar?

Cuando esto ocurre, la mayoría de propietarios piensan en una grieta o en una obra mal ejecutada. Sin embargo, en la mayoría de los casos que encontramos en el Garraf y Baix Penedès, el culpable es un enemigo silencioso y subestimado: el propio agua de la piscina.

Un desequilibrio químico constante no solo afecta a los bañistas, sino que literalmente se «come» la estructura de tu piscina. Te explicamos cómo y qué hacer para evitarlo.

El enemigo silencioso: cómo el agua desequilibrada destruye las juntas

Las juntas (también llamadas borada o lechada) son el mortero que une el gresite. Su función es crucial: sellar el vaso y proteger la estructura de hormigón. Cuando el agua no está químicamente equilibrada, se vuelve agresiva y ataca directamente a su punto más débil: el cemento de estas juntas.

Agua ácida (pH bajo)

Un pH por debajo de 7,2 convierte el agua en un corrosivo suave pero implacable. Lentamente, disuelve el carbonato de calcio de la borada, descomponiéndola y convirtiéndola en esa arenilla que encuentras en el fondo.

Agua «hambrienta» (baja alcalinidad y dureza)

El agua siempre busca su equilibrio. Si le faltan minerales (baja dureza cálcica), intentará obtenerlos de donde pueda. Y la fuente más fácil es el cemento de las juntas. Literalmente, el agua «se alimenta» de tu piscina para estabilizarse, debilitando toda la estructura.

Lechada, juntas de gresite piscina

Señales de alerta: cómo saber si tus juntas están en peligro

Presta atención a estos síntomas. Detectarlos a tiempo puede ahorrarte una reparación muy costosa. Revisa tu piscina y busca:

  • La «arenilla» en el fondo: Es el signo más evidente. Son restos de la junta descompuesta.
  • Gresite suelto: Si puedes arrancar una pieza con la uña, las juntas han perdido su capacidad de sujeción.
  • Juntas porosas o agrietadas: Pasa la mano por la pared. Si la notas áspera o rugosa en lugar de lisa, es una mala señal.
  • Descenso del nivel de agua: Aunque no veas una grieta, el agua se filtra a través de miles de microfisuras en las juntas debilitadas.

Las consecuencias de ignorar el problema

Lo que empieza como un problema estético puede derivar en una avería grave y cara:

  • Fugas invisibles que afectan a la cimentación de la piscina y su entorno.
  • Desprendimiento masivo del gresite, obligando a un rejuntado completo (lechar de nuevo).
  • Reparaciones estructurales si la humedad llega a la armadura de hierro del hormigón.

Gresite de una piscina y juntas en mal estado

¿Has detectado alguna de estas señales en tu piscina?

Actuar a tiempo es clave para evitar una reparación mayor. En Jardivida somos especialistas en la reparación de vasos de piscina, rejuntado de gresite y detección de fugas.


La solución está en la prevención: un mantenimiento correcto

La mejor reparación es la que no se necesita. Proteger las juntas y, por tanto, tu inversión, es tan sencillo como mantener un equilibrio químico correcto. La clave está en estos tres parámetros:

  • pH: Siempre entre 7,2 y 7,6.
  • Alcalinidad Total: Entre 80 y 120 ppm. Actúa como el «colchón» del pH, evitando que fluctúe bruscamente.
  • Dureza Cálcica: Entre 175 y 250 ppm. Asegura que el agua no esté «hambrienta» de minerales.

Un control semanal de estos valores durante la temporada de baño en el Garraf es la mejor garantía. Como explicamos en nuestra guía sobre el agua turbia, un agua equilibrada es la base de una piscina sana en todos los sentidos.